miércoles, 21 de enero de 2009
Un pueblo, un grito
Una palabra podría resumir el desolador paraíso que veo, casas de adobe, que se alzaron y fueron consumidas por el sol, un sol candente y pictórico, cuya forma era imposible ignorar. Los ecos terminaban de desolar mi alma cuando una grito se alzó, era la ultima voz del pueblo, la ultima dispuesta a matar la profunda soledad que se respiraba. La voz suave y altanera parecía no querer callar, se resistía a abandonar estas ruinas que alguna vez fueron pueblo, y que para ella eran un edén transformado en desolación. La historia parecía repetida, un pueblo hundido sin esperanzas de volver a hablar, retomé mi rumbo sin intenciones de volver, sin embargo esa voz de dulzura no calló, era su ultima batalla, el lamento de su vida
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