sábado, 28 de febrero de 2009
El antro
El cielo nocturno nuevamente caía, bañaba mis pies con las lágrimas derramadas por nosotros, que subían al cielo y volvían a caer. Las calles que a la luz del día parecían tan cosmopolitas estaban impregnadas a ese olor a tierra húmeda que no hacía más que resaltar esa imagen del amor opaco y a la vez brillante. Otra vez estabas en el pórtico de tu casa, te gustaba la lluvia porque hacía parecer que no llorabas, y como siempre lo hacías me invitaste a pasar. Tu casa era el nido de la soledad y las pasiones. Ahora vuelvo, a tu antro en llamas, a tu antro de trigo y luna. Vuelvo a llorar, vuelvo a reir y soñar. Vuelvo para hacer parecer que ya olvide a la niña de cabellos claros que ya era una mujer llena por un atardecer amarillento, oscurecía lo que habíamos pasado y por fin acababa. Ahora el amor puede volver a partirme las costillas
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